viernes, 11 de noviembre de 2016

Visita al Museo Egipcio de Barcelona en clave romana

22 años lleva el Museo Egipcio de Barcelona, acercándonos a la cultura más longeva de Occidente.


Gracias a la Fundación Arqueológica Clos, la Ciudad Condal puede disfrutar de piezas adquiridas en subastas, que conforman una interesante ventana al Egipto Antiguo; Aunque también de cursos, visitas teatralizadas y en definitiva, de todo un aliciente que alimenta inquietudes y favorece así, que poco a poco, los estudios sobre Egiptología, vayan ganando peso en la oferta cultural catalana.


La visita guiada al Museo Egipcio, en el marco de la IV Edición de las Jornadas de "Barcelona Novela Histórica", tiene para Sedetania sin duda, un especial interés: Bucear en sus piezas, persiguiendo encontrar aquellas de Época Romana y observar a través de las mismas, pinceladas sobre la influencia cultural que se dio en una y otra dirección.


La primera pieza que llama la atención, no es sino el relieve parietal con la representación del faraón Domiciano (81-96 d.C.), el último Emperador de la dinastía Flavia, bajo cuyo mandato fue creciente el culto a las deidades egipcias -asimilándolas a la tradición romana-. En los períodos de gobierno de Adriano y Nerón, por ejemplo, nos encontramos incluso con monedas acuñadas con la imagen de Serapis, si bien este dios ya era conocido y adorado en Grecia; De hecho, fue implantado como patrono de Alejandría por Ptolomeo I Sóter (367-283 a.C.), rey de Egipto y fundador de la dinastía Ptolemaica y Roma se encargaría a posteriori, de potenciar dicho rol, expandiendo su culto de forma sincrética, recibiendo el nombre de Zeus Helios Serapis.



Las terracotas de estilo grecorromano encontradas en suelo egipcio, llaman poderosamente la atención por la adaptación de éste a las divinidades de origen faraónico.

Si bien los egipcios contaban con muchísimos siglos de experiencia en alfarería, la perfección y elegancia griegas, junto a la introducción de herramientas de mayor precisión, confirió de una relativa novedad a los enseres y figuras egipcios.

Es motivo de reseña, dado el característico afán de status quo perpetuo que define a la civilización egipcia, en la que la sistemática repetición de patrones, era la base de su cultura; Posiblemente este rasgo fuera así fruto de ese carácter supersticioso que, por encima de todo, les llevaba a permanecer firmes en sus creencias y procesos, para conseguir un equilibrio vital en este mundo y en el que se hallaba bajo sus pies -el más allá, donde muere y de donde surge cada día el sol-, según ellos, calco del que disfrutamos en vida.


Por otra parte, tenemos la oportunidad también de contemplar la belleza de la técnica oriunda aplicada a la cerámica, con su toque de "azul egipcio", obtenido a base de sales de cobre, en estas piezas de Época Romana (Enseres del S.I d.C.):




No podían faltar las momias, cuya realización fue cambiando según las mejoras que se iban logrando con el discurrir de los años, o bien, por adaptación a la economía de la familia del difunto.

De Época Romana nos encontramos con este llamativo cartonaje dorado, datado en los Siglos I-II d.C, formado por varias capas de vendas, cubiertas por yesos o estucos, a los que se les ha aplicado pan de oro, a la par que diseñado los tradicionales dibujos de iconografía funeraria egipcios.

En el Egipto Antiguo, era fundamental pasar de este mundo al otro, -al subterráneo-, con las mejores garantías posibles de obtener la vida eterna primero y la máxima calidad de vida en dicha eternidad, como fin último.
El cuerpo debía llegar completo a este momento trascendental, no importando la ubicación de sus piezas, sino que estuvieran todas presentes al pasar el Juicio de Osiris.
El trayecto hasta alcanzar dicho tribunal no era sencillo, y para afrontar toda suerte de peligros en la navegación, se contaba en algunos casos con amuletos y sobre todo, con el Libro de los Muertos reflejado en dicha iconografía funeraria, ya que sus fórmulas eran la llave para alcanzar el más allá.


Momia de Época Romana cubierta con una red de cuentas, que le confiere
propiedades relacionadas con la resurrección y cuyos flecos, hacen referencia
a los rayos de sol, que propiciarían la transformación del difunto en un ente celestial.
El espíritu del fallecido, guiado por el dios Anubis, se presentaba ante el tribunal de Osiris, donde el primero le extraía el corazón de forma mágica -como representación de la conciencia y la moralidad- y lo ubicaba en uno de los dos platillos de una balanza. Al otro lado, el contrapeso lo constituía la pluma de Maat -la verdad y la justicia universales. 

Un conjunto de dioses conformarían el jurado, que le iría formulando al finado preguntas acerca de su conducta pasada y en función de sus respuestas, el peso del corazón aumentaba o disminuía. Finalizar el juicio con el equilibrio entre ambos platillos, escuchando en consecuencia, la sentencia positiva de Osiris, constituía el paso a la vida eterna en los campos de Aaru.

 


Una muestra tardía de las momificaciones egipcias, la constituye esta momia con retrato; El coste del dibujo era mucho menor que el de la representación en relieve, y en este caso, según los estudios modernos realizados partiendo de la estructura craneal -y sin contar con el retrato de la momia-, el rostro de la difunta de unos 15 años de edad, sería realmente muy similar al plasmado en el dibujo. La datación de la llamada "Dama de Kemet", se sitúa en Época Romana, concretamente, entre el 150-200 d.C.


Asimismo, nos encontramos también con otra pieza, muestra de la continuidad de las prácticas funerarias faraónicas y la adaptación que experimentaron en época romana; El retrato sobre plancha de madera sería la otra versión, económica, por la que se optaría substituyendo a la tradicional máscara.


Egipto produjo siempre fascinación en griegos y romanos: El Nilo y su antiquísima cultura, lo convertían en un lugar en el que de hecho, se preciaran algunos prohombres de la cultura y de la historia en sus biografías, de haberlo disfrutado in situ durante alguna temporada. Son bien conocidas las referencias a la estancia en Egipto de Solón, Tales de Mileto, Licurgo o Hipócrates, por ejemplo.

A nivel religioso, los griegos admiraban sobremanera a los egipcios hasta tal punto, que creyeron de alguna forma que los dioses podrían haber nacido en suelo egipcio o al menos, provenir de ahí. Por ello, sobre todo en Época Helenística y durante el Imperio Romano, no sólo las deidades tradicionales de Egipto se identificaron con las de los Dioses del Olimpo -Hermes con ThotZeus con Amón, etc-, sino que cultos y dioses egipcios se conviertieron en algunos de los más populares.


Hoy en día, la espectacularidad de la iconografía egipcia, sigue llamando poderosamente la atención. En Barcelona, hasta finales de año, podemos disfrutar, al margen de las piezas habituales del Museo Egipcio, también de dos exposiciones temporales de excepción: La dedicada al descubrimiento de la tumba de Tutankhamon y la que nos permite aproximarnos a la figura de Osiris, de quien Plutarco dijera:

"Tan pronto como Osiris fue rey de los egipcios, los liberó de una vida indigente y salvaje, mostrándoles los frutos que la tierra proporciona, promulgando leyes y enseñándoles a honrar a los dioses. Después recorrió toda la tierra, civilizándola, sin la más mínima necesidad de armas, sino arrastrando a la mayoría de gentes con el hechizo de la persuasión y la palabra, acompañadas de todo tipo de cantos y de música."
Plutarco (Moralia, Isis y Osiris, 13).



Copia en yeso de la Piedra de Rosetta original que se encuentra en el Museo Británico desde 1802. Fue adquirida por el Museo Egipcio de Barcelona en 1992 mediante la adjudicación de una subasta de Sotherby's y procedente del Museo de Arte de Ohio y a su vez, procedente parece ser, del British Museum de Londres.


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