domingo, 18 de septiembre de 2016

Legio XXI Rapax, la legión depredadora. Por Dany Cuadrado Morales.

Desde el corazón de la Mancha, llega a Sedetania Dany Cuadrado Morales, un jovencísimo escritor enamorado de la Antigua Roma. En su primera colaboración en este blog, nos ofrece un estupendo resumen de la historia de la Legio XXI Rapax, legión romana creada por Augusto en el 31 a.C. y que fuera aniquilada bajo el mandato de Domiciano en el 92 d.C.  



Legio XXI Rapax, la legión depredadora.


Uno de los pilares fundamentales del poder romano fue, sin duda, la enorme proyección militar de sus legiones. Las fuerzas armadas romanas pudieron mantener la seguridad de las fronteras de un inmenso imperio durante siglos. Por lo general el ejército estaba dirigido por buenos generales y oficiales de la talla de Corbulón, Nigrino, Julio César y tantos otros. Sin embargo en otras ocasiones los mandos militares eran unos completos inútiles que carecían de experiencia o tácticas algunas. Baste recordar a Publio Quintilio Varo en Teutoburgo o a Marco Licinio Craso en Carras. A pesar de todo, las legiones romanas mantuvieron su poder y su disciplina hasta los últimos tiempos del Imperio y lograron adaptarse para derrotar y conquistar infinidad de pueblos, cartagineses, hispanos, galos, macedonios, dacios, sármatas…son sólo algunos de ellos.  

Pero los legionarios romanos no sólo combatieron contra rivales externos, también se enfrentaron entre ellos. Tal es el caso de la legión XXI Rapax. Esta unidad fue creada por Octavio en el año 31 a.C, el mismo año que obtuvo la victoria sobre Marco Antonio.
Sus efectivos teóricos, como en toda legión romana, eran de aproximadamente unos cinco mil legionarios de infantería pesada y un destacamento de ciento veinte jinetes, aunque sobre el terreno el número de hombres solía variar de una unidad a otra.
Tras la batalla de Teutoburgo, el renombrado desastre militar de Varo, la XXI fue trasladada a la frontera de Germania y estableció su base en Vetera junto a la legión V Alaudae. Es irónico que ambas legiones, ahora juntas, fueran aniquiladas unos años después bajo el gobierno del terrible Domiciano.

Posteriormente, en el año 43 la unidad es trasladada al campamento de Vindonissa, en Germania Superior. Estos años fueron relativamente tranquilos para los legionarios de la XXI, sin embargo la muerte del emperador Nerón acabó con dicha tranquilidad y la legión XXI Rapax tuvo que escoger a uno de los candidatos que luchaban por el ocupar el trono imperial en lugar de mantenerse neutral. Se decidió por apoyar a Aulo Vitelio. En esta época se consideraba a la XXI como una de las mejores legiones de Imperio, una unidad de élite compuesta por soldados veteranos curtidos en combate. Vitelio gobernó unos pocos meses hasta que otro aspirante le arrebató el trono, este hombre no fue otro que Tito Flavio Vespasiano, el hombre que instauró la dinastía Flavia. A pesar de haber combatido bajo el mando de un rival, Vespasiano no podía desaprovechar las capacidades guerreras de los legionarios de la XXI Rapax y fue enviada, bajo el mando del general Petilio Cerial, a sofocar la revuelta de los bátavos. La XXI fue usada de punta de lanza y combatió con valor hasta el fin de la rebelión. La legión permaneció en aquella zona, acantonada en Moguntiacum.

Llegamos así al año 89, donde el destino de la legendaria unidad quedó sellado. En aquel tiempo reinaba el emperador Domiciano, el segundo hijo de Vespasiano y el último de los Flavios. El César no tenía nada que ver con su padre o su hermano Tito y se erigió en un tirano cruel e implacable. Aunque emprendió numerosas campañas militares en el Danubio y el Rin el emperador cosechó más bien resultados modestos, por mucho que tratase de adornarlos. En el 87 la legión V Alaudae fue totalmente aniquilada por los dacios y sus aliados en la batalla de Tapae.

Dos años después el gobernador de Germania Superior, Lucio Antonio Saturnino, se sublevó a causa de un problema personal con el emperador. Saturnino trató de aliarse con los germanos supuestamente vencidos por Domiciano pero sus refuerzos no llegaron nunca pues un inoportuno deshielo del río Rin les impidió cruzar a tiempo. El gobernador tendría que hacer frente a Domiciano con tan sólo dos legiones, la XIV Gemina y la poderosa XXI Rapax. Es curioso que los mandos de ambas unidades se decidiesen por apoyar a Saturnino, si bien Domiciano era un sujeto rematadamente déspota y loco, no era ningún idiota y sabía que para mantenerse en el poder debía tener al ejército y a la guardia pretoriana contentos y por ese motivo a los legionarios les faltarían muchas cosas, pero no las pagas, que solían llegar puntualmente. El caso es que el emperador en persona se puso al frente de sus tropas leales para combatir al rebelde. Abandonó las comodidades de Roma y partió al frente.

Cuando las legiones del César llegaron los soldados que apoyaban a Saturnino decidieron abandonar al usurpador. Aquella rebelión estaba condenada al fracaso desde el principio y una batalla a gran escala lo único que traería sería un debilitamiento de las fronteras del norte del Imperio. Con los dacios y los sármatas lanzando constantes ataques sobre las provincias de Panonia y Moesia y la aún reciente pérdida de la legión V Alaudae, los romanos no podían permitirse enzarzarse en luchas intestinas. La rebelión del usurpador Saturnino acabó pronto y la venganza de Domiciano se tradujo en las ejecuciones del propio gobernador rebelde y de muchos mandos y oficiales de las legiones XIV y XXI. Las cabezas de todos ellos fueron exhibidas más tarde en Roma. Incluso el emperador aprobó una nueva ley para que esas legiones rebeldes no compartiesen nunca más el mismo campamento militar. Sin embargo nuestra XXI Rapax volvió a sobrevivir a la ira de un César. Sus habilidades en combate eran demasiado valiosas como para disolver o ejecutar a la unidad entera.

Desafortunadamente Domiciano ya no confiaba en esas legiones. Para el emperador una traición de ese calibre era imperdonable y tenía que buscar el modo de castigar a esos legionarios por sedición. En su perversa mente el César trazaba las líneas maestras de su venganza.
La legión fue desplaza a Panonia aprovechando las cada vez más tensas relaciones con dacios y sármatas, quiénes dirigidos por el rey dacio Decébalo se aprovechaban de la pasividad del ejército romano y de que el emperador, en un intento por mantener la paz, pagaba a los dacios una sustanciosa cantidad de dinero, para atacar y saquear pueblos y ciudades. En Panonia la legión fue, aparentemente, olvidada por Domiciano. Allí se mantuvo durante tres años, hasta que los sármatas hicieron acto de presencia. Los sármatas eran guerreros formidables procedentes de las estepas, su caballería pesada, los catafractos y sus arqueros montados formaban una de las fuerzas militares más poderosas del mundo.

En el año 92 Domiciano obtuvo al fin su venganza contra su odiada XXI Rapax. La legión se enfrentó a la invasión de los sármatas. La habilidad de sus legionarios fue aprovechada por el emperador y éstos consiguieron rechazar la invasión. Pero no quedó ninguno que pudiera reclamar la gloria del triunfo, pues la legión XXI dejó de existir. La XXI Rapax, la depredadora, fue aniquilada en combate contra los sármatas. Para Domiciano fue un doble triunfo, se evitó la invasión y se libró de los traidores.
Desde la perspectiva de los siglos y en mi humilde opinión, la legión XXI Rapax de Roma tuvo un fin ignominioso y nada honorable para el sacrificio que sus integrantes hicieron. Se alzaron contra un César, un tirano cruel, pero a quien debían lealtad. Como compensación a ese deshonor rechazaron la invasión de los terribles sármatas. Al menos que estas palabras sirvan para otorgarles el honor que sin duda alguna merecieron por sus actos.  

Dany Cuadrado Morales.

viernes, 26 de agosto de 2016

Humiliores y Honestores en Roma

La sociedad romana se caracterizó por una desigualdad social brutal entre ricos y pobres. La revista "Arqueología e Historia" de Desperta Ferro, nos da cuenta de ambos polos sociales en las publicaciones veraniegas: En su número 8, -el de agosto/septiembre del presente año-, sobre las clases altas y en su homónimo del pasado verano -el número 2-, de los bajos fondos de Roma.

Así, en el número 2 se recogen aportaciones sobre la inseguridad en las calles de Roma, sobre las que Juvenal dijera, que eran peligrosas incluso de día y que, según nos cuenta la literatura romana en no pocas ocasiones, estaban plagadas de redes criminales bastante bien organizadas.
Los ciudadanos de hecho, para protegerse, procuraban tener sus ventanas lo más altas posibles o barrotes en las mismas y si es archiconocida la frase: "cave canem", es precisamente por la presencia de perros guardianes en las casas potentadas o almacenes. Los ricos, asimismo, solían llevar escolta -frecuentemente utilizaban a sus gladiadores como guadaespaldas- y la legítima defensa estaba garantizada.

La llegada al poder de Augusto, supuso un notable cambio con respecto a la época republicana, al introducir soldados urbanos que garantizaban un cierto orden, especialmente en Roma -pretorianos y cohortes, amén de una fuerza paramilitar, los vigiles-.
Parece ser empero, que estas fuerzas del orden no atendían a crímenes menores, centrándose en grandes disturbios y en la prevención de hechos criminales, aunque dejando a criterio de los implicados esos asuntos, supusiera finalmente, propiciar que se engrosara la lista de crímenes.
Los castigos dependían del estatus y la seriedad del caso: los crímenes importantes podían resolverse crucificando al criminal, quemándolo vivo, despeñándolo por la Roca Tarpeya, entregándolo a las bestias durante los juegos gladiatorios o metiéndolo en un saco que se arrojara al río (castigo especial para los parricidas). Las ejecuciones en privado por estrangulamiento, decapitación, inanición o desatención, se reservaban para los ciudadanos de clase alta. 

Las clases más modestas de Roma se solían servir frecuentemente de los altercados públicos como protestas violentas, disturbios, amenazas físicas o verbales o actos intimidatorios, para conseguir alzar su voz más allá de las fórmulas de votación; Aunque no sólo los asuntos políticos que implicaban comicios o la promulgación de leyes, escasez de alimentos o alto precio de los mismos, deudas o tributos, etc. eran motivos de estos. También el divorcio del emperador de una mujer que gozara de la simpatía pública, podía ser origen de los mismos.

Los desórdenes públicos podían de igual modo, generarse tras la asistencia a espectáculos en los que se desataban los instintos y pasiones más primarios, no sólo por el espectáculo en sí, sino también por la gran cantidad de congregados en cada evento -clasificados por escala social-, que viéndose como una masa nutrida que garantizara el anonimato de sus protestas, clamara por la falta de grano en particular o el hambre en general.

El barrio que en la literatura antigua se nos ha revelado como sinónimo de lugar peligroso y enclave depravado por excelencia, es el de la Suburra, donde proliferaba la delincuencia y la prostitución; Pero parece ser que que más que un "bajo fondo absoluto", fue un barrio muy estigmatizado, ya que contara también con residencias aristocráticas. De igual modo, la prostitución aunque estaba mal considerada, estaba regulada y muy extendida, pudiendo generar notable riqueza, pero normalmente, las prostitutas integraban la escala más baja de la pirámide social.

Como contrapartida, el número 8 de "Arqueología e Historia" de Desperta Ferro, nos traslada a la vida de aristócratas y nuevos ricos, bajo el título: "Ricos en Roma".

Al imaginar el lujo en Roma, inmediatamente nos vienen a la mente los famosos banquetes, que en efecto, exhibían la opulencia y el refinamiento de la clase alta. Si bien se legisló para evitar manifestaciones excesivas del lujo, se le daba rienda suelta en los banquetes asociados a los ludi.
La influencia griega influyó notablemente en los banquetes, introduciéndose en torno a finales del S.III a.C. el uso de lechos para comer recostados -que en un primer momento, estaban reservados sólo para los hombres, mientras que las mujeres comían sentadas- y aumentando considerablemente la cantidad de manjares, así como su sofisticación.


Los jardines decorados con fuentes, estatuas y edículos -los Horti Luculliani- pasaron a ser otro símbolo de riqueza en las residencias privadas, tras la incorporación de esta moda oriental por parte de Lucio Licinio Lúculo, conquistador de Asia. Y por supuesto, los objetos de la casa, desde las estatuas a la vajilla, -amén de la utilización de mármoles en su arquitectura-, cobraban gran importancia -hasta el punto de sacrificar a un esclavo si rompía un vaso de cristal, por citar un ejemplo-.


Al respecto de la riqueza, si de alguien en la antigua Roma tenemos constancia de su posicionamiento, es de Cicerón, quien abordó cuál sería la posición más correcta frente la misma. Afirmaba que era necesario huir de la avaricia -que curiosamente él sí ostentaba-, pues es muestra de ruindad y defendía la existencia de diferentes clases sociales, abogando por su aceptación como desigualdad natural, por lo que se opuso siempre a la mitigación de las desigualdades -para muchos, clave a posteriori del declive del Imperio Romano-.
Entre las contradicciones de Cicerón, destaca cómo abogaba por no vanagloriarse de la riqueza que se poseía, cuando paradójicamente, adquirió una lujosa vivienda en el Palatino - el barrio más elegante de la ciudad de Roma, donde habitaban la mayoría de las familias importantes-.

Con el auge de Roma, tras cada conquista, el afán de impresionar del mundo romano se hizo cada vez más evidente, dadas las ingentes cantidades de dinero de los botines y de la venta de miles de esclavos a traficantes; Así, la década de los 180 a.C. fue muy significativa. Tras la victoria sobre los gálatas y sobre el rey Antíoco de Siria, la ciudad se vio colmada de riquezas, contraviniendo así la austeridad inherente a sus antepasados -el sagrado mos maiorum-.
Artistas, técnicos, médicos y pensadores de los diferentes reinos helenísticos, fueron llegando a Roma en los séquitos de los magistrados romanos. También rehenes políticos, que junto con artistas griegos de prestigio, fueron huéspedes de grandes familias, aunque a su mayoría se les trató como esclavos. Y es que si algo agradaba a los romanos, era tener esclavos, cuantos más mejor, para que su vida fuese lo más cómoda posible y en algunos casos, coronándolo de puro fetichismo, al llegar a pagar enormes sumas por esclavos exóticos -como fue el caso de Marco Antonio-.

Con las obras de los emigrantes helénicos se dio paso a un nuevo concepto de Roma: El de Ciudad Monumental. El primer templo de mármol se construyó en el 146 a.C.
Y las élites urbanas, siguiendo el ejemplo de los hombres de negocios romanos, no tardarían en apuntarse a la fiebre constructora, por lo que la actividad de los grandes talleres helenísticos se trasladó de la propia Roma a localidades de su entorno tales como Ostia, Terracina, Fregellae, Praeneste o Tibur, donde se empezaron a edificar santuarios enormes a divinidades tradicionales como Hércules o Fortuna.
Por otra parte, también producto de las influencias asiática y helena, las villae romanas pasaron a ser símbolo de suntuosidad, poniendo de moda lo que hoy se conoce como "segunda residencia" y que se convirtiera con el transcurrir de los siglos, en el último bastión de la época más dorada de Roma, cuando iniciara su terrible declive.

Sin duda el fin de las grandes guerras con la Pax Romana de Augusto, supuso un empujón definitivo a la oda a la construcción: Los miembros de las élites de colonias y municipios, se encargarían de hacer levantar templos, enlosar las calles, trazar nuevos acueductos y puentes, etc, y por supuesto, siempre dejando constancia escrita de su protagonismo.

Pese a que en los textos literarios la figura del prestamista suele reflejarse de una forma negativa, la cultura de la deuda estuvo muy arraigada en Roma: El propio Julio César lo fue, facilitando créditos a través de agentes y financieros. Uno de sus clientes, fue Cicerón.
Con Augusto llegó también una importante reforma administrativa y financiera, acuñando más moneda que nunca y generando impuestos indirectos, con los que poder pagar al ejército ya profesionalizado.
En cualquier caso, los romanos destacaron en todo momento como grandes innovadores también en el ámbito económico, formulando constantemente soluciones a los problemas de la deuda privada.

Así, el mandato del Prínceps, fue significativo no sólo por la famosa Pax Romana, sino también por la introducción de reformas económico-sociales, la creación de cuerpos de seguridad, la proliferación de las construcciones arquitectónicas y artísticas de calidad y por supuesto, por su fórmula de mandato Imperial.




lunes, 1 de agosto de 2016

La Lusitania en el Museo Arqueológico Nacional

Perdura en nuestros días el vocablo "lusitano" para referirnos a los habitantes de Portugal; No en vano, la tierra de la que es gentilicio es la Lusitania, provincia romana que ocupara la mayor parte del actual Portugal.
Este territorio pasó a formar parte de lo que se denominó la Hispania Ulterior, una de las dos provincias en las que los romanos dividieron Hispania*1 y que bajo el mandato de Augusto, pasaría a dividirse asimismo en otras dos provincias: Bética (Baetica) y Lusitania.

Si algo sabemos de la Lusitania, es de la existencia de Viriato -aunque no siempre difundida de un modo fidedigno- y de su consideración como confín del mundo conocido, a raíz de la archiconocida anécdota del cruce del llamado Río del Olvido, por parte de Décimo Junio Bruto.

A éste, tras ocupar el cargo de cónsul, en el 138 a.C., se le asignó el territorio de la Hispania Ulterior, -apoyando a su familiar, el procónsul Marco Emilio Lépido-, tierras en las que eliminó lo que quedaba de resistencia lugareña.

En su trayectoria triunfal, destacó por someter a los brácaros, con gran fama por su peligrosidad, y a los galaicos –que vinieran a apoyar a sus vecinos contra los romanos-; Esta última victoria le valió el apodo de “Gallaecus”, el Galaico.

Pero sin duda, popularmente, si ha sido conocido –y lo sigue siendo-, es por el episodio del “Río del Olvido”: Numerosos autores clásicos como Salustio, Tito Livio*2, Apiano o Plutarco, recogen este pasaje de la historia del cruce del río Lethes –hoy río Limia-, un río que destacara por sus excelentes recursos marinos y que hoy en día, constituye una auténtica cloaca natural.

Posiblemente los romanos bebieron de fuentes autóctonas, para considerar que se trataba del típico medio acuático que servía para pasar de un mundo al otro, ya que los celtas –y también los griegos-, consideraban que los ríos eran una puerta al más allá. Su carácter, habitualmente supersticioso, pudo hacer el resto.

El caso es que se narra la creencia de que cruzar este río, que delimitaba los confines del mundo conocido, suponía pasar al otro mundo, donde se perdería la memoria y de donde jamás se podría regresar. El pavor que causaba por tanto era descomunal y para desenterrar para siempre esta creencia, se dice que Décimo Junio Bruto, lo atravesó y fue llamando uno a uno por su nombre a sus hombres desde el otro lado.

En agosto, aún en nuestros días, se viene celebrando en Xinzo de Limia, la llamada “Fiesta del Olvido”, que parte de dicho episodio.

En cuanto al primero, Viriato, se erigió como líder de la resistencia lusitana contra Roma y debido a las diferentes fronteras de la época con respecto a las nuestras, se pone en tela de juicio si de nacer hoy sería español o portugués.

Sea como fuere, el que fuera designado general en jefe el 147 a.C. y definido por Apiano como “amante de la guerra y un señor de la guerra”, antes de desempeñar tamaño rol, fue pastor primero y bandolero después –habitual entre los bárbaros fuera saquear al vecino más rico-. De todos modos, excepto esto, de su pasado poco se sabe, pero como caudillo de los lusitanos, su trayectoria, fue notable.

La figura de Viriato es introducida en la historia a consecuencia de la estrategia de Servio Galba, en el año 150 a.C., quien pactara con los guerreros lusitanos su rendición a cambio de proporcionarles tierras donde vivir en paz, para una vez los primeros le entregaron sus armas, asesinarles. Parece ser que uno de los guerreros que no corrió tal suerte fue Viriato.

Se rebeló como gran estratega y jefe justo y desprendido –a la hora de repartir botines-. Permaneció 8 años al frente de su ejército, consiguiendo en los 3 primeros sonoras victorias: Primero frente a Vetilio, y después frente a todos los gobernadores que Roma envió a la zona, hasta la llegada del cónsul Fabio Máximo, con el que su suerte cambió moméntanamente. Con la llegada de Serviliano, Roma decidió poner fin a tantos años de contienda, pactando la paz con Viriato, y nombrándole “amigo de los romanos”; Tras esto, Viriato fue asesinado, bien por sus hombres descontentos, bien por tres de sus lugartenientes comprados por el gobernador romano Servilio Cepión.

En la exposición temporal del Museo Arqueológico Nacional de Madrid (MAN), "Lusitania Romana, origen de dos pueblos", tenemos la oportunidad hasta el próximo 16 de octubre, de acercanos a la historia de los pueblos prerromanos que habitaran la zona y a su trayectoria como parte de Roma, tanto con la visualización de objetos*3, como con la visita guiada gratuita, que tiene lugar de martes a viernes, a las 12h y a las 18h.

Marcvs con el guía sedetano de la exposición temporal del MAN


En lo referente a la romanización de esta parte de la geografía de la Península Ibérica, se nos explica cómo al concluir las campañas contra cántabros y astures, Augusto fundó en el 28 a.C. Augusta Emérita, colonia en la que se establecieran numerosos legionarios veteranos. En esta nueva colonia, se centralizó la administración de la que pasaría a ser una década después, una nueva provincia, de la que partiría la nueva organización en las comunicaciones, estableciéndose una vía hacia las tierras del sur y otra, hacia los yacimientos metalúrgicos, siendo los puertos de Alcacer do Sal y Lisboa, los puntos de salida marítimos.

También cómo fue la mezcolanza de las gentes en la zona, y es que los romanos a su llegada, no se encontraron con un grupo étnico homogéneo, pese a lo que el término “lusitano” pueda sugerir, situación sin duda muy diferente a la que dejó paso la romanización:

Y es que si algo tuvieron en común todos los grupos étnicos del lugar, fue la romanización de usos y costumbres primera, y socio-política a continuación, hasta el punto de que se integraran como parte de la ciudadanía romana. Si bien la conquista de Lusitania no fue en absoluto fácil, -sino que estuvo repleta de enfrentamientos y traiciones-, finalmente, fue total.

A nivel económico, al margen de la autosuficiencia agropecuaria, destaca la riqueza que aportaban sus minas y canteras: Los mármoles de Estremoz, el oro del Tajo, y el cobre de la franja meridional. Y por supuesto, la explotación marítima: pescado y sal marina.

Con respecto al río Tajo, destacamos la presencia de una maqueta del puente de Alcántara, construido a principios del S II d.C. por el arquitecto romano  Cayo Julio Lacer para salvar el cauce del mismo. Posee una longitud de más de 200 metros, una altura de 57 metros aproximadamente y una anchura de 8 metros y permite el paso de un gran caudal de agua en época de crecidas. También la circulación de vehículos pesados, a los que se obliga a pasar por el mismo en detrimento de otras rutas, para evitar derrumbamientos de construcciones modernas.

El guía de la exposición del MAN, nos explicó no sólo esto último, sino también que se han llevado a cabo estudios para determinar cuánto tiempo puede permanecer en pie esta gran obra de la ingeniería romana en Hispania –una de las más importantes-. Según la inscripción del dintel de un templete de uno de los extremos del puente: “durará tanto cuanto el mundo durare”. Según los estudios referidos, hasta el año 4000 de nuestra era.

En cuanto al modus vivendi de los habitantes: Destacaron las villas en la vida rural, casas de campo de grandes dimensiones –y de variedad en su uso: temporal o permanente-, ubicadas en las inmediaciones de las vías más importantes y cercanas a las ciudades, allí donde los paisajes cobraran más belleza, riqueza de sus suelos o junto a importantes recursos naturales. Éstas, se convertirían de hecho, en el último bastión de la belleza y riqueza de la cultura romana, cuando comenzara el declive del Imperio. A tal efecto, en el MAN se puede contemplar al final de la exposición temporal sobre la Lusitania a la que nos estamos refiriendo, los restos de un ornamento de una villa de última época romana.

De igual modo, destaca también por su belleza y en este caso, por su excelente conservación, el “mosaico de las musas” perteneciente a un comedor y/o sala de estar del S.IV. Tal vez que haya llegado así hasta nuestros días, se deba a que se ha respetado el escrito que desprende, en el que se aconseja barrer con precaución.



En lo que respecta a la religión, existió convivencia de cultos, aunque el predominante pasara a ser el romano; Así, se ha documentado la continuación del culto a los dioses lusitanos Ataecina y Endovélico principalmente. También la adoración a Mitra, dios de las gentes venidas del mediterráneo oriental, que gozó de gran popularidad y del que podemos contemplar una impactante figura.




La cristianización del Imperio Romano ocupa el último tramo de la exposición, junto al declive definitivo del mismo.


Notas:

*1Hispania se dividía en Hispania Citerior -Desde los Pirineos a Cartagena- y Ulterior -Valle del Guadalquivir en primera instancia, pare occidental de la Península Ibérica a posteriori-. La Hispania Citerior acabaría convirtiéndose en la Tarraconensis: Territorio comprendido entre el Mediterráneo y Galicia. Tarraco y Corduba (Tarragona y Córdoba) fueron sus epicentros administrativos.
*2 Tito Livio. Ad Urbe Condita; “Décimo Junio Bruto sometió la Lusitania con la conquista de las ciudades hasta el océano y no queriendo pasar sus soldados el río del Olvido, él mismo pasó el estandarte arrebatado al signífero y así los convenció para que pasaran”.
*3 Del propio museo o principalmente, de los trasladados a la capital desde el Museo Nacional de Arqueología de Lisboa, Museo Nacional de Machado de Castro - Coimbra y del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida

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sábado, 30 de julio de 2016

Marcvs Antonivs Saldvie visita Segovia

Visitar el acueducto de Segovia supone contemplar posiblemente el acueducto mejor conservado y más imponente del Imperio Romano.

Una media hora separan en AVE, la estación de Chamartín (Madrid) y la estación de Segovia Guiomar. Desde allí, bien el autobús número 11, por 2 euros el billete, bien un taxi por 8 euros el trayecto, nos conducen en unos 20-25 minutos al centro de la ciudad.






Poco después de bajar del autobús, nos encontramos con un negocio familiar que ha adoptado más que el castellano, la palabra latina de la que proviene "acueducto": "aquaeductus", llamándose: "El Aqüeducto". Tras más de 40 años vendiendo recuerdos de Segovia, frente al marco incomparable del acueducto de la ciudad, su propietaria, Angelines, nos explica que están a punto de jubilarse y que sus hijos no van a darle continuidad al negocio. 

Tras despedirnos de ella, comenzamos nuestra visita a la ciudad abrumados por la grandeza de esta construcción arquitéctonia colosal.

Sus 167 arcos de piedra granítica del Guadarrama, están construidos por sillares unidos sin argamasa alguna, por equilibrio de fuerzas. Es impresionante que a través de los siglos, además, apenas haya sufrido modificaciones.

Mide aproximadamente 15 kms, y se aprovisionaba de agua cerca del actual pantano de Revenga. Las canteras en las que se extrajeron y desde las que se trasladaron los bloques de granito, todavía no se sabe a ciencia cierta dónde se encontraban. Se nos explica que se levantaban mediante poleas y sogas, y eran ajustados con palancas de hierro. 

La  zona donde alcanza su máxima altura, es la de la Plaza del Azoguejo -un antiguo valle fluvial-. Es en este punto donde parece ser se encontraba la cartela dedicatoria, con los nombres del emperador y de los magistrados locales. Las perforaciones de sus sillares, parece ser son las marcas de las patillas que sostenían sus letras. 



Según los estudios, el texto podría indicar que Mummio Mummiano y Fabio Tauro, por orden del emperador Trajano, repararon la conducción,posiblemente construida en época de alguno de los Flavios.

La leyenda cuenta sin embargo que, los agujeros que aún se ven en las piedras, son las marcas de las pezuñas del demonio, el verdadero constructor del acueducto; Una aguadora, harta de arrastrar su cántaro por las calles empinadas de Segovia, aceptó regalarle su alma, a cambio de que éste solucionara el tema antes de que cantara el gallo. Le faltó una piedra por colocar al diablo para ganar el alma de la muchacha, quien confesó la historia a sus convecinos, quienes tras rociar con agua bendita la construcción, la aceptaron de buen grado.





martes, 19 de julio de 2016

Pinceladas romanas del Museo de Sant Boi (Barcelona)

Los romanos llegaron en torno al SII a.C. y hábilmente se impusieron rápidamente a nivel político.
Aportaron innumerables avances tecnológicos y médicos, y por supuesto, arquitectónicos.




lunes, 18 de julio de 2016

Parque Arqueológico de Guissona y Museo Eduard Camps

La ciudad romana de Iesso se fundó entre finales del S.II a.C. y principios del S.I a.C., convirtiéndose en centro de referencia para las tierras del interior de Cataluña.

sábado, 9 de julio de 2016

Una tarde en Barcino, con Meritxell Carreres


Un paseo siguiendo las huellas de los romanos en Barcelona de la mano de Meritxell Carreres, supone no sólo descubrir dónde podemos encontrar esos vestigios de Barcino, sino también, soñar a cada paso, con dónde vivían, qué comían, cuál era el ambiente de las termas romanas y el puerto, etc.